Kate Winslet

Wonder Wheel, una noria visual cruda y realmente bella

No pensaba volver a escribir críticas de películas en mi bitácora profesional, pero Woody Allen y Vittorio Storaro me han convencido de lo contrario. Es una gran película, que será estudiada con los años en las escuelas de cine. De lo contrario, esas escuelas serán una porquería. Porque es una obra de arte.

La fotografía es pura poesía visual, un trabajo excelente, en el que cada plano es un lienzo con vida propia al servicio de las emociones de los personajes. Un encuadre que puede comenzar con luz fría y tenue, y finalizar plenamente iluminado con todos cálidos. Lo de Storaro no es de Oscar; es de genuflexión.

Luego está el pulso de Woody Allen con la narración visual. Por desgracia, la mayoría de críticos han ensalzado durante años su vis cómica, sus hilarantes gags e histriónicos personajes; vamos, su capacidad como guionista para crear situaciones, historias y diálogos brillantes. Poco se ha escrito sobre su verdadera habilidad narrativa que, en mi opinión, es la de realizador.

Yo soy de esos raritos que prefieren sus tragedias en tono de drama en las que no sale él, o lo hace muy poco, como Match Point, Delitos y Faltas, Interiores, Septiembre… Francamente, me cansé hace años de sus chistes. Sólo me atrapa cuando trabaja el encuadre.

En Wonder Wheel la planificación es magistal. Las decisiones de corte, las progresiones en la escala y el uso de los movimientos de cámara articulan un lenguaje invisible mágico, con un ritmo perfecto.

El texto parece inspirado en las tragedias de Tennessee Williams y los melodramas de Douglas Sirk. No en vano, la historia transcurre en los años 50 americanos. Y por encontrarle las cosquillas a esta película diría que este apartado, el del guión, es el que no pasa de un aprobado alto debido a un segundo acto en ocasiones errático.

Las interpretaciones son, por lo general, bastante buenas. Pero destaca especialmente Kate Winslet, que ya demostró hace años que es una de las mejores profesionales del cine. Cierto que el personaje es un caramelo para lucirse, pero también lo es que supone un reto enorme para el que no vale cualquiera.

Una película cruda y realmente bella.

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